viernes, 30 de septiembre de 2016

El creciente impago de horas extraordinarias

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Dicen que "no hemos salido de la crisis, sino que nos estamos acostumbrando a ella", y el mercado laboral es un indicador principal de este fenómeno social. En concreto, la realización de horas extraordinarias que en la mayoría de ocasiones no se pagan, es característico de un mercado laboral precario y empobrecido.

Un estudio de Comisiones Obreras, señalaba que las horas extraordinarias pagadas habían disminuido a la mitad en relación con los tiempos precrisis, mientras que las horas extraordinarias impagadas no habían disminuido un ápice (teniendo en cuenta que la población empleada también había disminuido), un 56% del total, o lo que es lo mismo, 3,53 millones de horas extraordinarias a la semana, realizadas por 728.000 trabajadores, que finalmente no cobraron.

Seguro que más de un lector, se siente identificado con esta realidad social, ya que realiza horas extraordinarias, en muchos casos impuestas obligatoriamente por el empresario, sin dar opción al trabajador, lo cual es ilegal. Son sectores especialmente proclives a esta irregularidad, la hostelería, bazares y comercios chinos, repartidores, construcción, pequeñas empresas, etc, aunque en cualquier sector se puede observar este fenómeno.

La realización de horas extraordinarias es voluntaria para el trabajador, salvo en casos de fuerza mayor, como siniestros, incendios, etc., por tanto, el empresario no puede obligar al trabajador a realizar dichas horas, sin embargo, por la incidencia de la crisis, existe un afán empresarial por aumentar la productividad, lo cual incluye exprimir sobremanera al trabajador. Lo legal, sin embargo, es que si el empresario necesita aumentar la productividad, contrate a más trabajadores, no que los explote.

Llegados al momento actual, tras haber atravesado una crisis, podemos decir que ahora vemos el resultado que se predijo; el empobrecimiento del trabajador con condiciones de trabajo cada vez más precarias. El sistema capitalista y de consumo en el que vivimos no tiene entre sus ventajas, la mejora de derechos laborales, sino todo lo contrario, pues endurece la competencia, de modo que la empresa se ve obligada a bajar los precios de sus productos o servicios sin mermar su calidad, lo cual por lógica, repercute finalmente en los derechos del trabajador, que por miedo a perder su empleo, aguanta lo que le echen.



En este sentido, por mi experiencia defendiendo trabajadores, he podido observar situaciones realmente graves, en las que el empresario sometía a los trabajadores a jornadas de trabajo realmente insoportables, y el trabajador o trabajadora, tras aguantar en dicha situación (meses o años) acudía a mi enfermo o enferma, para preguntarme cómo podía solventar el problema. Y siguen acudiendo, por supuesto.

Me estoy refiriendo a trabajadores, que realizaban jornadas partidas de 8 horas por la mañana y 4 horas por la tarde, o que trabajaban 20 días seguidos durante 10 horas cada jornada, o bien descansaban 1 solo día a la semana, que nunca coincidía en fin de semana, y los otros 6 días trabajaban 10 ó 12 horas diarias.

Además, en ocasiones, este tipo de jornadas se realizan de forma partida, y en muchas de estas ocasiones, no se respetan el descanso mínimo de 12 horas entre jornada, ni el descanso mínimo de 1,5 días ininterrumpidos entre semanas. Esta ausencia de descansos, termina por agotar fisiológicamente al trabajador, que termina enfermando. Llama la atención que algunos trabajadores soporten este ritmo de trabajo durante años.

Este tipo de conductas empresariales como todo el mundo puede imaginarse son ilegales. El trabajador puede presentar denuncia al ITSS y demanda judicial, con el fin de reclamar las horas extraordinarias impagadas, negarse a realizar las mismas, sin miedo a ser despedido, y conseguir que sancionen a la empresa con importantes multas por realizar estas prácticas. Todo ello, se explica con más detalle en el artículo enlazado.

Como podéis observar, hoy he cambiado el estilo de redacción de este del blog, que normalmente se enfoca en derechos, reclamaciones, incumplimientos, obligaciones, etc., para presentar este texto de una forma más coloquial, más basada en las observaciones y datos sociológicos, que en el derecho puro y duro.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Proceso monitorio para reclamar salarios impagados

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El proceso monitorio es una forma rápida y ágil que tienen los trabajadores para reclamar deudas a su empresa, cuyo origen provenga de su relación laboral. Suele solventarse en cuestión de meses, salvo que surjan complicaciones, como no poder notificar a la empresa, o que ésta sea finalmente insolvente o declarada en concurso de acreedores.

Está previsto para deudas vencidas y exigibles, que no superen la cantidad de 6.000.-€.

Este artículo, será un poco aburrido, porque se basará en una explicación procesal, sobre cómo transcurre en líneas generales el proceso monitorio. Por ello, si estás interesado en efectuar una reclamación de este tipo junto a un abogado, te sugiero que nos escribas al buzón de consultas.

El proceso monitorio transcurre generalmente por escrito, sin necesidad de celebración de juicio (salvo oposición de la empresa demandada). Se inicia con la presentación de una demanda inicial, que el Secretario Judicial (acutal Letrado de la Administración de Justicia), tras su revisión, trasladará a la empresa demandada, junto a un requerimiento para que abone la deuda contraída con el trabajador en el plazo de 10 días.

Si existe oposición por parte de la empresa, se archiva el proceso monitorio y se declara la apertura del correspondiente juicio oral.

Sin embargo, para presentar la demanda monitoria, el trabajador debe cumplir una serie de requisitos, como la prueba sobre la relación laboral y la documentación acreditativa de la deuda (normalmente si se reclaman salarios, se aportan las nóminas). De lo contrario, el proceso debe transcurrir por juicio oral.

Otro dato importante, es que el monitorio no permite la comunicación mediante edictos, por lo cual, en caso de que la empresa esté desaparecida y no se conozca su domicilio, deberá presentarse demandada para proceso ordinario.

Veamos a continuación como transcurre el proceso monitorio.

Si necesitas consultar o contratar a un abogado laboralista, puedes contactar con nosotros a través del buzón de consultas.



Petición inicial
El trabajador demandante debe presentar una demanda de conciliación en el SMAC. Si no hay acuerdo, puede presentar una demanda judicial por la vía monitoria, aportando la documentación acreditativa de la deuda (contrato de trabajo, nóminas, finiquito, etc).

El Letrado de la Administración de Justicia, examinará la petición inicial, y si cumple todos los requisitos, trasladará la misma a la empresa deudora.

Si la demanda no cumpliese todos los requisitos, y tuviese defectos subsanables, se requerirá al demandante para que subsane la demanda en el plazo de 4 días. En caso de que los defectos fuesen insubsanables, se dará cuenta al Juez, que puede decretar la inadmisión del monitorio.


Requerimiento a la empresa o empresario deudor
Como hemos dicho, el Letrado de la Administración de Justicia, traslada la reclamación monitoria a la empresa deudora, otorgando un plazo de 10 días para que ésta abone la deuda al trabajador, o indique por qué motivos no debe la deuda reclamada.

En el segundo caso, se decretará el archivo del monitorio, y el proceso transcurrirá por el ordinario, con juicio oral.

En caso de que la empresa debidamente notificada, no responda al requerimiento de pago, se archivará el monitorio, y el trabajador podrá proseguir solicitando la ejecución y embargo. En caso de insolvencia, el trabajador podrá acudir a FOGASA.

Igualmente, si el empresario abona la cantidad adeudada, se archivará el proceso monitorio y se entregará la cantidad al trabajador demandante.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Duración máxima de la baja y las posibles recaídas

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Como todo el mundo se puede imaginar, un trabajador no puede estar de baja laboral infinita. Existen límites en cuanto a la duración de las bajas.

Los procesos de baja por enfermedad o accidente, técnicamente conocidos como Incapacidad Temporal (IT) están sujetos a una duración máxima de 365 días, que puede ser prorrogada por 180 días, es decir, un total de 545 días durante los cuales el trabajador puede estar en situación de Incapacidad Temporal.

Durante este tiempo, el proceso de Incapacidad Temporal es controlada por los servicios médicos salud, sin perjuicio del control de las mutuas (de obligatorio cumplimiento para el trabajador).

Transcurridos los 545 días naturales, el INSS debe tomar una decisión entre:
- Emitir el alta médica.

Llegado ese momento, el INSS tiene un plazo de 3 meses para examinar al trabajador, y con ello, concluir si se le reconoce la Incapacidad Permanente o bien se procede al alta médica por recuperación o mejoría. No obstante, dicha calificación se puede prolongar hasta los 730 días, cuando exista una expectativa de recuperación o mejora de la salud del paciente, que le permita reincorporarse a su puesto de trabajo.

Para el cómputo de la duración máxima de la Incapacidad Temporal, se tienen en cuenta las posibles recaídas que pueda sufrir el trabajador durante un mismo proceso, tal y como explicaremos a continuación en este articulo.

Durante el periodo que transcurre tras los 545 días de IT, el trabajador seguirá cobrando la prestación por Incapacidad Permanente, pero su contrato de trabajo quedará en suspenso. 

Aprovecho para apuntar en la imagen, una de las consultas más frecuentes ¿cuánto se cobra estado de baja?, y que por cierto, no debería formularse, ya que además de ser de respuesta sencilla, está detalladamente explicada en el artículo más visitado de este blog (lo que necesitas saber sobre las bajas), de donde proceden el 90% de las consultas sobre bajas; así que por favor, antes de consultar, hay que leer.



Recaídas
Como hemos avanzado, en relación a la duración máxima de la Incapacidad Temporal (IT) hay que considerar las recaídas en el mismo proceso.

Se considera recaída la nueva baja del trabajador, por la misma enfermedad o similar, dentro del período de los 180 días siguientes a la fecha del alta médica anterior.

Si las enfermedades no son de la misma naturaleza (o patología similar), no se considera recaída, aunque tengan lugar dentro del período de los 180 días citados.

En los casos de recaída, el empresario no tiene obligación de abonar la baja del trabajador desde el 4º al 15º día.

Si durante el periodo de actividad laboral, se ha generado una nueva base de cotización, la prestación por Incapacidad del trabajador tras la recaída, puede variar. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Consejos para afrontar el acoso laboral

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El acoso laboral probablemente sea la situación más miserable y sufrida a la que puede enfrentarse un trabajador en el ámbito del trabajo. Se trata de una conducta prolongada y recurrente con ánimo de destruir, marginar, aislar, humillar, minar la moral y la estima propia, etc., a un trabajador, y que con el tiempo termina causando perniciosos efectos sobre su salud mental; desde enfermedades como trastornos de ansiedad o depresión, agotamiento emocional, enfermedades psicosomáticas, y en situaciones extremas, el suicidio de la víctima. Además de afectar a sus relaciones sociales y causar la pérdida de autoestima personal o profesional.

El barómetro Cisneros, un proyecto de investigación, nos muestra que entre el 11,% y el 15% de la población ocupada, sufre acoso laboral en el trabajo. 

Dicho barómetro Cisneros, estudia 43 conductas que pueden considerarse acoso laboral.

Entre las manifestaciones más agresivas o groseras: menosprecio, burlas, críticas a la vida personal del trabajador, a su aspecto físico, amenazas personales, amenazas de despido u otras sanciones, ridiculización, gritos, insinuaciones sexuales, etc.

Entre las manifestaciones más sutiles: la restricción de la comunicación, ignorar al trabajador, asignar trabajos absurdos, la inactividad forzada (vaciar de funciones al trabajador), la sobrecarga de funciones, asignar tareas peligrosas, impedir el acceso a medidas de seguridad, asignar tareas por debajo de la calificación profesional, aislar a la víctima de los otros compañeros, amplificar los errores, extender rumores injuriosos o calumniosos, desvalorizar el esfuerzo, inducir a errores, etc.

A continuación, en este artículo, vamos a ofrecer 11 consejos para sobrellevar y afrontar situaciones de acoso laboral.

Si necesitas consultar o contratar a un abogado laboralista en tu ciudad, puedes ponerte en contacto con nosotros a través del buzón de consultas.



Es evidente que el acoso no es un problema fácil de afrontar y solucionar, pero existen determinados consejos que la víctima puede considerar para lidiar con el acoso y con el acosador, especialmente en su día a día, y al margen de las denuncias o demandas judiciales que pueda interponer. A continuación 11 tips para sobrevivir a una situación de acoso.

1. Informarse sobre el acoso. La información y el conocimiento ayudan a la víctima a identificar el acoso como tal, y le facilitan la búsqueda de soluciones. Una víctima desinformada, difícilmente podrá tomar buenas decisiones y solucionar el problema.

2. Comunicarlo al entorno próximo. Hablar sobre el problema con la pareja, padres, amigos, etc. No es aconsejable extenderlo en la empresa, entre compañeros de trabajo, pues si no se tienen pruebas irrefutables, podría darse la vuelta al calcetín; la víctima pasaría a ser un injuriador o calumniador, e incluso, se le podría tildar a él de acosador. Ya llegará el momento de denunciarlo, pero primero, hay que hablar con un abogado.

3. Recoger pruebas. Hay que documentar las actitudes acosadoras. El trabajador no tiene que demostrar una por una todas las conductas que ha padecido, pero sí que tiene que aportar indicios inequívocos sobre la existencia del mobbing que padece. Como normalmente el acoso suele manifestarse de forma verbal, lo más efectivo es realizar grabaciones, cuántas más, mejor. También son útiles otras pruebas como emails, mensajes, testigos, etc.

4. No perder los estribos. Canalizar la ira y el resentimiento. No explotar ante situaciones injustas, no perder la calma y no responder de forma irracional. No pagar con la misma moneda (agresiones verbales, amenazas, intimidación, etc).

5. Plantar cara al acosador. Hacerle recular, siempre de forma correcta y legal. Hacerle saber que no puede comportarse así. Que si es necesario, se tomarán medidas legales para frenar su conducta.

6. Proteger los instrumentos de trabajo. No fiarse de nadie. Poner una contraseña en el ordenador. Guardar los documentos en un cajón bajo llave. Ser precavido a la hora de cumplir con las obligaciones, ser puntual y fichar antes de la hora, entregar las tareas dentro de plazo, y en general cumplir con todas las obligaciones y no ofrecer motivos para posibles sanciones disciplinarias.

7. No aislarse socialmente. Integrarse con los compañeros de trabajo. Buscar relaciones sociales en el ámbito laboral. Ser una persona sociable.

8. No inculparse. No culparse a sí mismo de la situación padecida. El acoso no es culpa de la víctima, sino del acosador, cuya conducta es incorrecta e inaceptable. Por eso, la víctima no debe ceder a las pretensiones del acosador, creyendo que así cesará el acoso.

9. Solicitar la baja médica antes de estar gravemente perjudicado. El acoso genera ansiedad y depresión; éstas cuanto antes se tratan antes sanan. No vivir con la ansiedad generada por el acoso, y dejar que ésta cale en lo más hondo de la víctima, ya que después, los efectos serán más intensos y duraderos. Solicitar la baja a tiempo, sin esperar a estar exhausto.

10. Contactar con un abogado. La víctima no puede resolver una grave situación de acoso por sí misma, sin una persona especializada a su lado, capaz de aconsejarla en cada momento, y de tomar las mejores decisiones para solventar la situación, y resarcir los daños causados.

11. Ser tratado por un profesional de la salud mental. Un psiquiatra o un psicólogo, ayudarán a la víctima a afrontar el problema de la forma más llevadera, aconsejándolo tanto en su vida profesional como personal, animándolo a mantener relaciones sociales, a mejorarse a sí mismo, a entretenerse, divertirse y no caer en la depresión o el desanimo.
 

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