lunes, 4 de julio de 2016

Efectos del despido improcedente

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Cuando un trabajador no está familiarizado con el fenómeno del despido, es improbable que conozca su significado y efectos, por lo que probablemente se haya preguntado ¿Qué gano con impugnar mi despido? ¿Qué ocurre en caso de despido improcedente? ¿Qué efectos comporta?

Muchos han oído hablar sobre la indemnización, aunque lo cierto es que el despido improcedente puede ocasionar dos efectos alternativos uno de otro:

1. La extinción definitiva de la relación laboral, con abono de una indemnización que se calcula en función del salario y la antigüedad del trabajador (los famosos, 45/33 días de salario por año trabajado).

2. La readmisión inmediata del trabajador, con abono de los salarios dejados de percibir, desde el momento del despido hasta la readmisión.

La elección entre esa doble opción corresponde al empresario, salvo que se trate de un despido declarado nulo (por ejemplo, el de una mujer embarazada), que conlleva la readmisión obligatoria; o de un despido efectuado contra un trabajador que ostenta representación, bien por ser delegado de personal o comité de empresa; en cuyo caso, corresponde al trabajador la elección entre readmisión o indemnización.

En este artículo vamos a analizar con más detenimiento, esta doble opción que se le otorga a la empresa en caso de despido improcedente, entre readmitir al trabajador o pagarle una indemnización y extinguir definitivamente la relación laboral.

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También puedes consultar nuestro artículo sobre consejos para actuar frente al despido.



¿Cuál es la mejor opción para la empresa?

Lo coherente tras el despido de un trabajador con poca antigüedad (y proporcional indemnización), es que el empresario no tenga ningún interés en readmitir al trabajador, y extinga definitivamente la relación laboral, junto al pago de una indemnización; pues de tener interés en readmitirlo, no hubiese realizado el despido.

Cuando sí existe un interés económico en juego, es cuando la indemnización que debe abonarse al trabajador es muy elevada (por su larga antigüedad en la empresa); y por contra, los salarios de tramitación no son tan gravosos como parece (teniendo en cuenta que pueden reclamarse al Estado los salarios que excedan de 3 meses, por dilación indebida de la Administración de Justicia, y entendiendo, que la empresa tiene derecho a obtener justicia en el plazo de 3 meses).
En estos casos, el empresario puede echar las cuentas, y optar por la readmisión (siempre que le convenga también, seguir trabajando con el trabajador despedido).

El empresario debe readmitir al trabajador en el mismo puesto de trabajo que venía ocupando anteriormente al despido, y en las mismas condiciones de trabajo, lo cual incluye las funciones, categoría profesional, horario y retribución, entre otras.


No obstante la teoría anterior, en la práctica, la opción que eligen la mayoría de empresarios, es el pago de la indemnización y la extinción definitiva del contrato de trabajo, lo cual da lugar a la situación de desempleo del trabajador, que en su caso, tendrá derecho a solicitar la prestación por desempleo en el Servicio Público de Empleo.

¿Qué ocurre si el empresario no me readmite ni me paga la indemnización?

El empresario debe ejercer dicha opción en el plazo de 5 días desde la notificación de la sentencia, transcurridos los cuales, en caso de no ejercer la opción, la situación puede tornarse tormentosa para la empresa, ya que se suscitaría un Incidente de No Readmisión, que en conclusión, podría ocasionar muchos más gastos a la empresa.

El Incidente de No Readmisión supone que el empresario deberá justificar porqué no ha ejercido en plazo la opción, y en su caso, porque no ha readmitido al trabajador. El Juez podrá condenarle a abonar todos los salarios de tramitación, así como a declarar extinguida la relación laboral, con abono de la indemnización por despido.

En la práctica ocurre en ocasionalmente, que el empresario no ejerce la opción entre readmisión o indemnización en el plazo legal (muchas veces por dejadez o desconocimiento) y cuando esto ocurre, los efectos pueden ser desproporcionados, puesto que en ocasiones se ven casos en que, por ejemplo, se condena a una empresa al pago de salarios de tramitación por 10.000.-€, a un trabajador con un año de antigüedad cuya indemnización sumaría poco más de 1.500.-€.

Esto suele ocurrir cuando el empresario no se asesora porque no tiene interés en defenderse durante el procedimiento (ignora las cartas certificadas del Juzgado, no asiste a juicio...). En algunas ocasiones, al efectuar el despido de un trabajador con escasa antigüedad, el empresario decide no defenderse, creyendo que su condena será el pago de una pequeña indemnización (que incluso está dispuesto a dejarse embargar), y ello finalmente se convierte en una cuantiosa suma de dinero para sorpresa del empresario.

En estos casos, la sorpresa está servida. Probablemente si el empresario hubiese leído este artículo, no le hubiese ocurrido tal desgracia. No obstante, nunca es tarde para intentar solucionarlo.

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