jueves, 9 de julio de 2015

Llegar a un acuerdo en el SMAC

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En este artículo quiero compartir una serie de reflexiones sobre las tendencias empresariales en el acto de conciliación SMAC (por un despido, por reclamación de salarios o por cualquier otra cuestión). Muchos trabajadores se preguntan si conseguirán llegar a un acuerdo con su empresa en el acto de conciliación o por contrario se verán obligados a ir a juicio.

Por tanto, en este artículo voy a hacer una reflexión sobre las diversas situaciones que los trabajadores pueden encontrarse en el SMAC, y de ese modo, hacerles entender por qué -en su caso individual- es más difícil o más sencillo llegar a un acuerdo en el SMAC, sin necesidad de presentar una demanda judicial.

Todo lo que voy a explicar a lo largo de este artículo son reflexiones meramente orientadoras (aunque bastante interesantes), cualquier expectativa que pueda causar al trabajador será papel mojado, puesto que esto no son matemáticas en materia de acuerdos extrajudiciales no hay resultados lógicos, sino que nos encontramos de todo. Este artículo está escrito en base a mis impresiones basadas en mi experiencia.

Si no os interesan mis impresiones, y lo que realmente queréis conocer es la teoría pura y dura sobre el SMAC podéis consultar el artículo enlazado.

Si queréis consultar o contratar a un abogado, podéis escribir en el buzón de consultas.



Con carácter previo, para saber cuán posible es alcanzar un acuerdo en el SMAC, debe partirse de la solidez de la demanda: no es lo mismo tener entre manos una demanda ganadora que una demanda perdedora, y obviamente, ese es el primer condicionamiento a la hora de llegar a un acuerdo. Partiendo de esa premisa, el resto de características del asunto que pueden condicionar un acuerdo amistoso en el SMAC son los que se exponen seguidamente:


1. No todas las demandas son iguales.
No es lo mismo una demanda por despido que trata de liquidar la relación laboral de un trabajador, que una demanda por reconocimiento de categoría profesional que puede afectar a muchos trabajadores de la plantilla. Obviamente, si se reconoce fácilmente que un trabajador está contratado y cobrando por debajo de su categoría profesional, el resto de la plantilla querrá lo mismo, y eso a la empresa no le interesa.

Una de las demandas que más ratio de éxito tienen a la hora de alcanzar un acuerdo, son las de resolución del contrato por voluntad del trabajador. ¿Y eso por qué? Porque cuando llega un momento que el trabajador no quiere seguir trabajando ni quiere seguir soportando los incumplimientos del empresario, se convierte en una piedra en el zapato para el empresario: se niega a hacer las horas extra gratuitas, se coge una baja laboral, pone una denuncia en la inspección de trabajo... Esta situación de desavenencia entre empresario y trabajador facilita extinguir la relación laboral con una indemnización derecho a paro.


2. El tamaño sí que importa.
En lo que a la cuantía objeto de la demanda se refiere, el tamaño sí que importa. No es lo mismo una indemnización por despido de 2.000.-€ que una indemnización por despido de 60.000.-€. El procedimiento judicial siempre conlleva un riesgo, se puede ganar o se puede perder (según el caso hay más o menos probabilidades). Asumir ese riesgo evidentemente se agrava a medida que la indemnización es mayor; es decir, por una indemnización de 2.000.-€ el trabajador o la empresa pueden decidir ir a por todas, jugársela incluso a los dados, si gana bien, y sino, más se perdió en la guerra. Sin embargo, cuando la indemnización es de 60.000.-€ el riesgo atemoriza mucho más a las partes (salvo que se trate de una empresa que factura millones de euros anuales), por lo que tal vez es más conveniente llegar a un acuerdo.


3. No todas las empresas son iguales.
Tampoco son iguales todas las empresas; las podemos dividir por sectores, por tamaño, por volumen de negocio, etc. No le costará tanto pagar una indemnización por despido a una empresa que factura millones de euros al año, que a una empresa familiar que ha despedido a unos de los camareros de su restaurante.


4. Nos vemos en los tribunales.
Las empresas con plantillas importantes y notable flujo de entrada y salida de operarios, tienen un gran interés económico en dar una imagen ejemplar de integridad y dureza. Pensemos que si de cada 10 trabajadores solo reclaman 2 de ellos, se ahorran los otros 8, por tanto, si a cada uno de ellos les tocan X miles de euros y realizamos la multiplicación... ya me entendéis.

Esto conlleva que algunas empresas no se dignen ni a presentarse en el SMAC, y en caso de hacerlo, no presenten ninguna oferta, lo cual obliga al trabajador a retirarse o a presentar una demanda judicial. El proceso judicial es algo que atemoriza al trabajador, solo oír hablar de abogados y jueces huye como Drácula al ver la luz. Sin embargo, los trabajadores adultos deben entender que el proceso judicial es la solución y no el problema, no se pierde nada por ir a juicio, se pierde por no hacerlo.

Por tanto, si el trabajador no está dispuesto a llegar a juicio, la empresa gana (y ahí es donde se aplica la estadística 8 - 2 expuesta anteriormente).

Sin embargo ahora os voy a desvelar un secreto: la empresa va de farol, sabe perfectamente en qué ocasiones tiene todas las de perder un juicio, y en ese caso, una semana antes del juicio realizan una oferta. El único motivo de hacer esperar al trabajador es no ponerle las cosas fáciles y evitar un efecto avalancha.


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