lunes, 23 de febrero de 2015

La tolerancia de la empresa frente a los incumplimientos del trabajador

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La empresa tiene un poder sancionador sobre el trabajador, y puede amonestarlo por escrito, suspenderlo de empleo y sueldo e incluso despedirlo por la vía disciplinaria, cuando éste incumple ciertas reglas y obligaciones que vienen impuestas:
- Por el Estatuto de los Trabajadores: que recoge por ejemplo la transgresión de la buena fe, la indisciplina, la desobediencia, etc.
- Por el Convenio Colectivo: que incorporan un régimen disciplinario de sanciones, por ejemplo, un número determinado de faltas de puntualidad.
- Por las reglas que el propio empresario impone: por ejemplo, el uso personal e indebido de internet en el trabajo.

Sin embargo todas las sanciones empresariales son revisables por los Juzgados de lo Social, y de hecho, conviene oponerse a las sanciones injustas, para no sentar precedentes que con el transcurso del tiempo puede convertirse en una justificación para el despido disciplinario.

Dentro de las varias líneas de defensa que puede utilizar el trabajador se encuentran:
- La negación de los hechos.
- La alegación de la teoría gradualista, cuando la sanción es desproporcionada.
- El uso de sanciones como medio de represalía o de acecho empresarial contra el trabajador, en ocasiones con ánimo de preconstituir una prueba para un posterior despido disciplinario.
- Otras varias entre las que se encuentra la tolerancia del empresario frente a incumplimientos menos graves, y que constituye el objeto de este artículo que vamos a desarrollar a continuación.

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A veces ocurre que el empresario viene tolerando ciertos incumplimientos, por poner un ejemplo, las faltas de puntualidad del trabajador o el uso personal de internet en el trabajo. Llegado cierto punto, esta tolerancia se convierte en un "uso empresarial", con lo cual no es de recibo que cierto día ante una cruzada de cables del empresario (por represalia o por cualquier otro motivo) éste decida sancionar al trabajador por unos hechos que venía tolerando con anterioridad.

Para que exista dicha tolerancia es necesario que el empresario conozca los incumplimientos del trabajador, por ejemplo, cuando un trabajador por ciertas circunstancias, -como llevar los niños al cole, o desplazarse por zonas de mucho tráfico- en ocasiones viene incurriendo faltas de puntualidad. A pesar de que en estos casos el incumplimiento es evidente, cuando el empresario viene tolerando esas faltas de puntualidad la conducta "infractora" del trabajador se convierte en "uso empresarial" y por ende, no sancionable.

Sancionar al trabajador por una conducta que el empresario ha venido permitiendo con anterioridad sería para aquél una consecuencia sorpresiva, y se califica como un abuso empresarial improcedente según nuestra jurisprudencia configurada desde antiguo (STS de 20 de febrero de 1991).

Para romper esta permisividad, el empresario debería advertir previamente al trabajador mediante una amonestación sin más consecuencias, que determinado comportamiento dejaría de estar permitido, para posteriormente, en caso de reincidencia por parte del trabajador, poder sancionarlo con consecuencias disciplinarias como la suspensión de empleo y sueldo o el despido.

Una sanción de este tipo impuesta sorpresivamente contra el trabajador puede considerarse por el Juzgado como una transgresión de la buena fe que se deben ambas partes, o un ejercicio abusivo de la potestad disciplinaria, y por tanto dicha sanción sería anulada o declarada improcedente.

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