domingo, 4 de enero de 2015

Despido por faltas de puntualidad

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Levantarse por la mañana cuando suena el despertador puede ser uno de los mayores suplicios a los que se enfrenta el trabajador en todo el día. Sin embargo la puntualidad es un derecho tan exigible por el empresario, que su incumplimiento puede llegar a justificar sanciones de suspensión de empleo y suelo o incluso de despido.

Sin embargo, tanto las sanciones como los despidos, están reservados para los casos más graves, y deben estar valorados y justificados según los sanos criterios de proporcionalidad, de modo que no es tan sencillo despedir a un trabajador por sus retrasos en la hora de entrada, y eso es lo que vamos a explicar de forma breve en este artículo.

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Como todos podemos imaginar, dormirse un día, o llegar tarde por culpa de un atasco en el tráfico, una avería, etc., no es motivo suficiente para despedir a un trabajador. Entonces, ¿dónde podemos trazar el límite?

Faltas de puntualidad constantes
Los criterios de proporcionalidad impiden al empresario despedir al trabajador por una o varias faltas de puntualidad esporádicas o accidentales. Una, dos, tres, cuatro faltas de puntualidad de 10 minutos, debido al tráfico, a que el niño se ha dejado el bocadillo del cole, etc., no justifican en modo alguno el despido. El despido es la sanción más grave que se puede imponer al trabajador y por tanto, la falta disciplinaria del trabajador (en este caso de puntualidad) debe ser culpable y de carácter muy grave.

Para delimitar ese carácter muy grave, algunos Convenio colectivos (no todos, aunque creemos que deberían hacerlo) marcan los límites de las faltas de puntualidad. Por citar un ejemplo, el Convenio de Gestorías Administrativas, en su apartado de infracciones dispone lo siguiente:
- Hasta 3 faltas no justificadas en un mes: falta leve.
- Más de 4 faltas de puntualidad no justificadas en un mes: falta grave.
- Más de 10 faltas de puntualidad no justificadas en un mes: falta muy grave.

Como puede observarse si se sigue la lectura del Convenio enlazado, sólo la comisión de una falta muy grave permitiría al empresario despedir al trabajador por el cauce disciplinario. La comisión de una falta grave, sin embargo, supondría una sanción de empleo y sueldo de hasta 10 días, pero no el despido. Por tanto, puede observarse como no resulta tan sencillo como parece despedir al trabajador por las faltas de puntualidad.

Fíjense que el Convenio habla de faltas de puntualidad no justificadas, lo cual nos da a entender que el comportamiento del trabajador debe ser culpable y ajeno a su voluntad. Por ejemplo, en el caso de accidente de tráfico, el trabajador queda excluido de culpa.


La tolerancia del empresario
Lo que tampoco resulta procedente, es el despido de un trabajador por faltas de puntualidad, cuando éstas son conocidas y toleradas por el empresario. Cuando un trabajador incumple sus obligaciones de asistencia puntual en su puesto de trabajo, es necesario amonestarlo, aunque sea sin ninguna consecuencia de suspensión de empleo y sueldo, a los meros efectos de que quede constancia del desagrado empresarial ante su falta de puntualidad. 

De lo contrario, las faltas de puntualidad se consideran consentidas por el empresario, (bien sea porque conoce las circunstancias del tráfico, porque el trabajador tiene un horario flexible, etc) y por tanto, no puede sorprenderse al trabajador con un despido disciplinario por ese motivo, cuando el trabajador creía que sus faltas de puntualidad eran toleradas por el empresario, y el motivo del despido puede ser cualquier otro (por ejemplo amortizar su puesto de trabajo), utilizando el pretexto de la puntualidad como justificante para no pagar la indemnización debida.


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