viernes, 30 de enero de 2015

Cámaras de vigilancia en la empresa

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Dentro de las facultades de vigilancia, al empresario le está permitida la instalación de videocámaras y otros equipos electrónicos que le permitan un control sobre los trabajadores en su puesto de trabajo para garantizar el cumplimiento de los deberes laborales y evitar las conductas que puedan suponer un incumplimiento empresarial o una lesión para el patrimonio empresarial (especialmente hurtos y control del trabajo efectivo).

Claro está que el uso de este tipo de equipos tecnológicos está limitado, especialmente en lo que se refiere a la esfera de la intimidad del trabajador, su honor y su dignidad, reconocidos como Derechos fundamentales en la Constitución, y por tanto, marcadores de una línea roja que el empresario no puede sobrepasar.

En ocasiones estos sistemas de vigilancia pueden justificar el despido del trabajador, siempre que el empresario haya hecho un uso debido de éstos, sin sobrepasar los límites que explicamos a continuación en este artículo.

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Límites al uso de videocámaras y micrófonos
Salvando todo lo relativo al control de los equipos informáticos, -cuestión a parte ésta-, el método cada vez más socorrido por las empresas para controlar a su plantilla, es la instalación de videocámaras, que además gozan de valor probatorio para justificar sanciones o realizar despidos disciplinarios, pero siempre atendiendo a los límites que impone el derecho a la dignidad e intimidad del trabajador.

Así pues, ciertas prácticas como las cámaras o los micrófonos ocultos, que puedan grabar conversaciones entre trabajadores y clientes, están totalmente prohibidas.

El empresario tiene la obligación advertir a los trabajadores de la instalación de equipos de grabación –y también a los representantes de los trabajadores-, y además, debe colocarlos en un lugar visible.

El empresario debe informar sobre el uso laboral al que se destinan los sistemas de vigilancia, de forma, que no pueden utilizarse las videocámaras destinadas al control de hurtos por parte de los clientes, para controlar la actividad laboral de los trabajadores: porque los trabajadores no están informados sobre esas intenciones de control empresarial.

También está prohibido colocar cámaras en lugares privados o en lugares donde no se realice la prestación laboral; por ejemplo en los aseos, en las zonas de descanso, en el bar, en las taquillas, etc.

El hecho de instalar cámaras inútiles o ineficaces, que no puedan comprobar los incumplimientos del trabajador, también es un límite que el empresario debe cuidarse de cruzar. Los sistemas de vigilancia deben servir a su propósito, lo contrario es una invasión a la intimidad del trabajador injustificada.

Es necesario guardar una proporcionalidad entre el medio y el fin. Si existen otros métodos de control menos invasivos para el trabajador, el empresario deberá optar por éstos, pues no debe olvidarse que la intimidad del trabajador no es un derecho que pueda invadirse a la ligera.

La doctrina del Tribunal Constitucional, avala que las medidas empresariales que puedan invadir el derecho fundamental a la dignidad del trabajador, deben ser necesarias no pudiéndose utilizar otro método menos invasivo, y proporcionales al fin perseguido.


Control judicial de las medidas empresariales
Cualesquiera de las medidas que pueda tomar el empresario, puede ser utilizada en un Juzgado o Tribunal a efectos probatorios, no obstante, el análisis sobre la licitud y admisión como medio de prueba, la realizan los jueces y magistrados, por lo cual, una grabación puede perder todo su rigor probatorio si los éstos la consideran ilegal.

Podría ocurrir que una cámara grabase a un trabajador en pleno incumplimiento o transgresión de la buena fe contractual, y éste fuese despedido. Presentada la demanda, en el juico dicha grabación podría no ser admitida como prueba, debido a que su obtención fue contraria a los derechos fundamentales del trabajador (intimidad) y por ese motivo, podría lograrse la nulidad del despido con la consecuente readmisión y abono de los salarios dejados de percibir.

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