sábado, 22 de noviembre de 2014

Acoso laboral contra embarazadas

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Ya sabemos que las trabajadoras embarazadas están revestidas de un sistema de protección y garantías, que entre otras cosas, impide el despido durante el embarazo y posterior maternidad, pues éste sería considerado llanamente nulo (por el mero hecho de estar la trabajadora embarazada o disfrutar de su maternidad) y debería readmitirse inexcusablemente a la trabajadora despedida.

Pero a pesar de toda esta protección, el embarazo de la trabajadora causa ciertos perjuicios y trastornos a la empresa, especialmente durante el tiempo que la trabajadora disfruta de sus permisos y otros derechos.

Las empresas rechazan los embarazos, los conciben como algo nocivo, de modo que externalizan ese pensamiento hacia las trabajadoras embarazadas mediante el conocido mobbing maternal, es decir, el acoso por razón de embarazo, que es lo que analizaremos en la presente entrada.

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El acoso maternal puede ser una manifestación o expresión violenta por parte de la empresa que pretende lanzar un mensaje y dar ejemplo al resto de trabajadoras de forma tácita, sobre "que les ocurre a las trabajadoras que se quedan embarazadas".

Eliminada la posibilidad de despido (por ser nulo), el acoso maternal es la única salida que le queda a la empresa para obstaculizar los embarazos. Este acoso se inicia con una "invitación" de la futura madre a abandonar su puesto de trabajo, que de no conseguirse se trasforma en acoso, es decir, en hacerle la vida imposible a la víctima hasta que decide marcharse por su propia voluntad.

A diferencia de otros tipos de acoso, el objetivo final del mobbing maternal no es destruir a una persona concreta, sino destruir un derecho; el de la maternidad, que no sólo afecta a la trabajadora acosada, sino que se hace extensivo para el resto de trabajadoras que quedan advertidas de los riesgos colaterales del embarazo.

Otras veces, el acoso maternal es simplemente la expresión del rechazo por parte de la empresa, que se ve afectada o alterada por un embarazo (permisos para ir al médico, baja productividad, y después la baja por riesgo y el permiso de maternidad). Podríamos decir que es una especie de venganza o directamente repulsa por los perjuicios causados a la empresa.

Resulta bastante gráfico el barómetro Cisneros XI, -un trabajo del profesor Iñaki Piñuel-, que reza lo siguiente;

- El 18 % de las trabajadoras embarazadas sufre presiones por su empresa debido a su maternidad.

- El 8 % de las trabajadoras acosadas denuncian que el motivo del acoso es su maternidad.

- El 16 % de las trabajadoras son acosadas por reclamar los derechos que por maternidad les corresponde.

- El 16 % de las trabajadoras acosadas cree que sufren acoso por el simple hecho de ser mujeres.

Lamentablemente, el acoso laboral no es algo cómodo de denunciar para las trabajadoras, y aún menos cuando están embarazadas, por lo que muchos casos se sufren en la sombra y el silencio.

El procedimiento para este tipo de acoso es idéntico al resto; se trata de un juicio preferente al resto (sale en menos tiempo), se celebra en presencia del Ministerio Fiscal y se invierte la carga de la prueba, de forma que la empresa debe demostrar que su conducta no era acosadora.

La trabajadora puede solicitar una indemnización civil para resarcir el acoso, y si lo desea, puede rescindir su contrato de trabajo con derecho a indemnización por despido y a cobrar el paro.

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