domingo, 19 de octubre de 2014

Faltar al trabajo por estar detenido

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Las repetidas faltas de asistencia al puesto de trabajo, como hemos explicado en varias ocasiones, son motivo de extinción del contrato de trabajo, incluso siendo justificadas, siempre que superen un límite, en atención a las particulares circunstancias de cada caso.

Estas faltas de asistencia al trabajo pueden ocurrir en el contexto de un trabajador que es detenido por cometer un delito penal, que incluso pueda llegar a ingresar en prisión provisional, lo cual aún le privaría más tiempo de las obligaciones con su empresa. Llegado el caso, el trabajador tendría que dejar de asistir al trabajo por motivos obvios, y la empresa podría plantearse su despido. En esta situación pueden darse varios escenarios, que analizamos y matizamos a continuación.


¿Pueden despedirme por estar detenido?
La privación de libertad (detención o prisión) se entienden como una causa de suspensión del contrato de trabajo, según el propio Estatuto de los Trabajadores (art. 45.1 g), y no de extinción, por lo que el trabajador detenido tendría derecho a la reincorporación al puesto de trabajo, tras su puesta en libertad (art. 48.1 ET), siempre que el delito cometido no guarde relación con el ámbito laboral. 

La suspensión del contrato de trabajo finaliza cuando el trabajador obtiene la libertad que le permite reincorporarse a su trabajo, por lo que de no reincorporarse a partir de ese momento, las faltas de asistencia si que computarían como injustificadas y podrían motivar el despido disciplinario.

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¿Pueden despedirme por haber cometido un delito?
En realidad, el despido en España es libre, por tanto el empresario puede despedir a un trabajador por cualquier hecho o causa (no necesariamente relacionada con el delito) siempre sujeto a una indemnización por despido improcedente, en caso de que no sea probada o resulte injustificada.

Al margen de esto, faltaría comprobar si el hecho de cometer un delito puede ser causa de despido, y en este sentido, debemos diferenciar si el delito ha tenido relación con el trabajo o no. Evidentemente, si el delito se ha consumado en el puesto de trabajo, no existen dudas sobre la procedencia del despido (por ejemplo, agresiones a un compañero de trabajo, robo del patrimonio empresarial, amenazas contra el empresario, etc). En ese caso la empresa tiene pleno derecho a despedir al trabajador sin el pago de indemnización alguna (art. 54 ET), e incluso, ofrecerle la baja voluntaria so advertencia de ser denunciado por la vía penal, sin que ello suponga una intimidación ni la libre voluntad del trabajador resulte viciada (vid sentencia).

En otras situaciones, cuando el delito nada tiene que ver con el trabajo, las sentencias deben ser individualizadas. En principio, la comisión de un delito que no guarda relación con el trabajo, no debería ser una causa justificada de despido, y por tanto, debería ser declarado improcedente con abono de la indemnización máxima establecida por la ley.

Por contrario, ha sido admitido por los Juzgados y Tribunales sociales que la empresa pueda justificar el despido de un trabajador que ha cometido un delito mediático, con mucha repercusión en los medios de comunicación y en la sociedad, y ese hecho pudiera afectar gravemente a la imagen o la marca de la empresa. También ha sido admitido el despido de un trabajador que imputado por asesinato, pues es obvio, que el clima laboral de la empresa podría verse seriamente alterado (especialmente las relaciones con sus compañeros de trabajo).


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